SINTORO
Danza
«Soy un Dios alojado en el cuerpo de un toro».
(Vaslav Nijinsky, bailarín ruso, 1890-1850)
Tres de los más relevantes creadores de la Historia de la Humanidad: Nijinsky, Juan Belmonte y Pablo Ruiz Picasso fallecieron un 8 de abril aunque de diferentes años; también les unieron las dos formas artísticas en que está basada esta nueva disciplina: la danza y la tauromaquia, grandes pasiones que los tres genios compartían.
El SINTORO es una disciplina híbrida entre danza y arte marcial. El conjunto de elementos que intervienen en su ejecución son básicamente los mismos que en las otras formas de danza: movimiento corporal, ritmo, expresión corporal y facial, espacio y estilo. El factor diferencial, lo que hace del SINTORO una disciplina única, es el temple.
El temple es uno de los fundamentos del toreo y consiste en «acomodar el movimiento de los engaños a la velocidad del toro a lo largo de toda la embestida», como define el profesor Andrés Amorós. Para el antropólogo francés François Zumbiehl, «el temple es una lucha contra la vida»; y el maestro Antonio Bienvenida, dice a propósito: «a cada pase siento que se me está muriendo la faena». Para el maestro Pablo Lozano: «El temple da fuerza al toro que no la tiene y la quita al que le sobra». En esta sentencia radica la singularidad del SINTORO. No es una danza como las demás porque, como en las artes marciales, la capacidad de creación del hombre está puesta al servicio de la lucha contra un enemigo al que someter y eventualmente dar muerte; en el caso del rito sacrificial de la tauromaquia, al toro.


Federico García Lorca, el día de la presentación de Antonia Mercé, La Argentina, en el Club Cosmopolitan de Nueva York (1930), escribió: «Llenar un plano muerto y gris con un arabesco vivo, clarísimo, estremecido, sin punto muerto, que se pueda recordar sin maraña: he aquí la lengua de la bailarina. Pues bien, nadie en el mundo ha sabido escribir en el viento dormido este arabesco de sangre y hueso como Antonia Mercé. Porque une a su intuición nativa de la danza una inteligencia rítmica y una comprensión de las formas de su cuerpo que solamente han tenido los grandes maestros de la danza española, entre los que yo coloco a Joselito, a Lagartijo y sobre todo a Belmonte, que consigue con formas mezquinas un perfil definitivo que pide a voces un plinto romano».
La grandeza del SINTORO consiste en conseguir la magia del temple sin enfrentarse a una fiera, que en la tauromaquia es figura imprescindible y esencial. En este caso, la fiera es la música. Y el reto, crear una obra de arte mayúscula sin la colaboración de adversario, siendo éste idealmente indispensable. La lucha es la del ejecutante consigo mismo, en soledad, como en el coso, pero con la verdad de ahormar la acometida del viento dormido al que se refería Lorca, haciéndole despertar.
Acompasamiento, son, embrujo, ensimismamiento, cadencia, ritmo, acomodamiento, complicidad, armonía… pueden ser comunes a todas las formas de danza, pero si el ejecutante no consigue templar, el SINTORO es sólo una baile convencional. El alma del toro, como figura de la imaginación, ha de tener presencia y protagonismo en todas las evoluciones del ejecutante.

Podría decirse que el SINTORO tiene también una base común con otras danzas orientales, como por ejemplo el Butoh, danza performática japonesa creada por Tatsumi Hijikata en los años cincuenta del siglo pasado, donde incluso, en su primera exhibición pública fue sacrificada una gallina. En el SINTORO no participan animales, salvo en la imaginación.
O con el Wushu, arte marcial en el que es tradición para la etnia musulmana Hui en el este de China, luchar contra un toro sin darle muerte. En el SINTORO no participan animales y tampoco hay lucha. El Wushu no es danza, es deporte.
Sin embargo, la Danza del Temple sí tiene que ver con alguna vertiente de otras artes marciales y por ese motivo decimos que es una disciplina híbrida.
Las artes marciales son prácticas cuyo objetivo es someter o defenderse mediante una técnica concreta. El maestro Jigoro Kano, fundador del Judo, decía que «la kata es la estética del Judo. En la kata se encuentra el espíritu del Judo, sin el cual es imposible ver la meta».
En la kata, como en el SINTORO, el combate es imaginario, no se dan movimientos ofensivos o defensivos dentro de situaciones reales e impredecibles, por lo que sólo podemos encontrar la estética, pero es en ésta donde habita el espíritu y la que nos permite vislumbrar el rito.
Para Nietzsche, «la grandeza de las corridas de toros consiste en no negar la dimensión trágica de la vida, y en armonizar dos principios contrapuestos como son la racionalidad y la irracionalidad». Destaca como aspectos intrínsecos de la Fiesta lo apolíneo y lo dionisíaco.
Evidentemente, el SINTORO carece de dimensión trágica y se centra en lo apolíneo. Es una disciplina para ser practicada por artistas y no por héroes.
