Rafa contempla dos divisiones fundamentales a la hora de percibir el mundo. Por un lado, la humanidad, con sus luces y sus sombras; y por otro, la naturaleza, salvaje y domesticada. La naturaleza como refugio y hogar, como modelo de producción controlado por maquinarias y que ha forzado la domesticación de la tierra. Trabajar con la naturaleza de manera directa o indirecta es su manera de honrarla, de compartir su grito.
 
En este sentido, trabaja el paisaje desde el ritmo que los campos de cultivo van creando a través de lineas, curvas y elementos que se van repitiendo incesantemente a lo largo de vastas extensiones de terreno. En estas estampas domesticadas, el artista encuentra cierta musicalidad, lo que además le permite incorporar a su trabajo su pasión con el mundo de la música electrónica.
 
La deconstrucción de los fragmentos del territorio y su posterior recomposición en el lienzo, nos lleva al pensamiento Derridiano de que para comprender la realidad es mejor deconstruirla, y reduciría a una gama de colores cargada de significado en post de superar el pensamiento binario tan arraigado en nuestra sociedad.
 
 
Tradicionalmenente, la geometría se ha utilizado para representar la urbe y todo lo que tiene que ver con los cambios y desarrollos sociales más urbanitas, y es por esa razón por la que Blanco la incorpora en su trabajo como forma de reclamar la ruralidad en el sentido de no aislamiento, sino de todo lo contrario, de avanzar hacia un desarrollo sostenible en todos los niveles. Una sutil critica y no por ello menos contundente sobre la desaparición y la domesticación de la naturaleza a través de la abstracción, la escasez de recursos y desde lo mínimo.
 
 
 
RAFAEL BLANCO
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